Mucho se habla y poco se sabe de la existencia de ese 'compañero' que asusta a los padres. Conocelo de cerca.
miércoles, 01 de febrero de 2012
Tu hijo lo mira, le habla, le hace un lugar en su casita del árbol, ríe y hasta duerme la siesta con él; para luego corretear o jugar a las escondidas en el jardín: siempre en su compañía. Sin embargo ves que tu nene está completamente solo haciendo todas estas actividades, pero actúa como si no fuera así. Más bien habla con ese ‘otro’ que no tiene presencia.
Entonces tus dudas como padre, o madre, se multiplican: ‘qué le pasa a mi hijo, por qué habla con alguien que no existe y lo llama su amigo”, te preguntás. Ante todo: “tranquilidad”, porque se trata de un amigo imaginario y aunque como padre no puedas verlo, o entenderlo, en un principio para tu pequeño es natural y una compañía muy especial. ¿Por qué aparece? ¿Es positivo para el niño o no? ¿Hay que acudir al especialista? Todas las respuestas para conocer de cerca a ese personaje que ‘acompaña’ a tu hijo.
¿Quien es tu “amiguito”?
Hay mucho mito, demasiada referencia sobre el tema, pero poca información concreta sobre el famoso “amigo imaginario” que a tantos preocupa.
Este ‘amiguito’ suele aparecer en muchos niños que transitan entre los 2 y los 6 años, etapa en la cual predomina el pensamiento mágico. Esto significa que los chicos le dan certeza a lo que piensan: lo que piensan “es”, y puede ser otro niño; por lo general de su edad, que sólo él ve.
Según el doctor Juan Reboredo, psiquiatra infanto-juvenil, “el niño pequeño cuenta con una gran imaginería, muy rica en fantasía, denominada fantasmatización positiva, en donde sin perder el juicio de realidad, el pequeño tiene su universo fantástico, crea o recrea situaciones con su amigo imaginario, cuya aparición se da en forma más frecuente, entre los 4 y 5 años; y suele desaparecer entre los 7 y los 8”.
El profesional explicó que existen estudios que destacan que “del 61% al 65% de niños, menores de 7 años, tienen amigos imaginarios”.
¿Que si es mala esta presencia para tu hijo? La respuesta, en términos generales, es definitivamente: no. “Las características de este amigo es que es compañero, bueno, caritativo, sabe todas las respuestas que necesita el niño, aplaca el dolor y la angustia que puede tener el chico, juega y comparte con él diversas situaciones. Cuando me refiero a angustias, son las que tienen que ver por ejemplo con cambios, como una mudanza, que el chico vaya a otro jardín de infantes, o situaciones que implican un remover de situaciones para él”, ejemplificó Reboredo.
¿Pero entonces el amigo imaginario es positivo? Sí, lo es. Su esencia y aparición no se vincula con nada patológico; por el contrario, suele ser más que positivo para el chico.
El amigo imaginario es normal en función de la intensidad y de la frecuencia en que aparece en relación a la posibilidad de vincularse con amigos reales. “Los chicos tienen conciencia de que ese amigo es creado, y como es algo sano, entran y salen de lo imaginario y real sin problemas”, contó el psiquiatra.
Otro valor positivo de la presencia de este ‘ser’ en la vida de tu hijo, es que según el profesional “existen investigaciones que avalan el hecho de que aquellos adultos que han tenido amigos imaginarios de pequeños, poseen de grandes muy bien desarrolladas sus habilidades sociales, mejor autoestima e imaginación”.
“¿Querido qué hacemos?”
Desde la mirada psicopedagógica, la especialista Mónica Coronado precisó: “Los papás tienen que entender que la presencia del amigo imaginario es normal y está muy lejos de una patología. Pero eso sí: lo que los padres ‘no deben hacer’ es intervenir en ese mundo, porque ese amigo imaginario forma parte del universo del niño, no de ellos. ‘Lo real’ de esa situación es para el pequeño, no para el adulto. Una cosa es que el hijo pida un plato más en la mesa para su amiguito, y el adulto lo haga; y otra muy distinta es que los padres simulen que pueden hablar o interactuar como el hijo con el amiguito. El chico percibe esa situación como falsa y no es positivo para él”.
Lo que sí es bueno que hagan los padres es estar atentos a los diálogos e interacciones que los chicos manifiestan en voz alta con su amiguito, para de esta manera saber qué emociones le atribuyen a ese “otro”. “Esto nos va a dar la pauta si la presencia de ese personaje en la vida de nuestros niños, anda por buen camino.
¿Cuándo no es ‘normal’ la presencia de este amigo?, “cuando perdura hasta los 8 o 9 años promedio, ya que hay que plantearse si hay presencia de patologías o apariciones de conductas violentas que el niño proyecta desde ese amigo”, detalló Reboredo. Otro ejemplo lo brindó la psicopedagoga: “En el caso de que el niño viva la muerte de un abuelo, y que su amigo imaginario sea en realidad su abuelo muerto, esto no es bueno. Allí lo que sucede es un proceso no elaborado de duelo, y es importante que los padres acudan a un profesional para ayudar al pequeño”.
¡A no confundirse!
Si tu hijo habla consigo mismo, esto no implica la presencia de un amigo imaginario inexorablemente. Mucho menos que está loco. “Entre los 2 ó 3 años, los chicos tienen un juego más solitario, les cuesta jugar más con otros, por eso muchos hablan solos, algo completamente normal ya que es la forma de explicarse a sí mismos el mundo que tienen. Por ejemplo, suelen autorreferenciar la acción: ‘Ahora tenés que poner la pelota acá’. Ese soliloquio es una actividad cognitiva normal en la que sólo exteriorizan el pensamiento”, precisó Coronado.
También pueden hablar con un juguete querido, como amigo ‘no imaginario’, ya que en esta etapa cuentan con lo que se llama “pensamiento mágico”: piensan que todo está animado. Eso sí, “cuando dialogan e interactúan, y dicen que lo hacen con su amigo no visible (que puede ser otro niño de su edad, un perro, un gato, o un personaje inventado por ellos) significa que el chico tiene un amigo imaginario”, detalló la psicopedagoga.
En síntesis...
El mito frecuente en torno al tema que debe desactivarse es que la presencia del amigo imaginario implique algo anormal, que sea privativo del hijo único, o del chico solitario. Nada más lejos. Dejar que su hijo disfrute, goce y sea contenido por esa ‘personita’ le suma a su vida. Como adultos los padres sólo deben acompañar el juego (no negar la existencia del amigo imaginario), pero sin perder el principio de realidad (no “hablar” con él como si también lo vieran, por ejemplo) y sin estimularlo especialmente.
Analía de la Llana - adelallana@losandes.com.ar