El sábado inauguró una muestra con más de veinte obras. Una charla con uno de los exponentes de la pintura mendocina.
martes, 14 de febrero de 2012
Orlando Pardo nació en Luján de Cuyo el 2 de noviembre de 1930 y ya en la década del ’50 comenzó a destacarse, al punto de que Spilimbergo lo definió como “pintor-pintor”, debido a que sus buscados retratos, junto al parecido fisonómico, eran legítima pintura.
-¿Qué es lo que más recuerda de su aprendizaje con Spilimbergo en Tucumán?
-Haberlo visto pintar. Es la primera imagen que se me presenta cuando lo recuerdo.
-¿Lo tomó de modelo?
-Sí, pero en tanto ser humano. Además de enseñarnos la técnica, nos enseñaba a ser solidarios, sin ligarse para nada a partido político alguno. Tenía un verdadero sentido universalista.
-¿Por qué lo definió como pintor-pintor?
-Porque a mí me encantaba dibujar, pero lo hacía asimilando el pincel al lápiz y usándolo como tal. No hacía diferencia. Por eso seguí pintura, que me costaba mucho. Azzoni me preguntó dónde había aprendido a trabajar así. Entonces, comprendí que había encontrado el modo de manejar las herramientas.
-A mediados de la década del ’60, usted era uno de los pintores que más vendía. ¿Qué le pedían y a qué se debía?
-No sé si mi obra tenía alguna particularidad. Muchos pintores en Buenos Aires tratábamos de mostrarnos y de vender. Me compraban lo que hacía y me pedían retratos. Oficialmente, me pidieron que hiciera a San Martín, a Newbery, a Brown. Y entre otros artistas, recuerdo que también hice el retrato del actor Lautaro Murúa.
-¿La crítica alentaba?
-No, desalentaba, y bastante. En esa época se daba la dicotomía de vanguardia versus arte tradicional y a éste lo consideraban comercial. Después pasó el furor por el informalismo y se comprendió que el artista tenía derecho a vivir de su trabajo y que lo importante no era qué hacía sino cómo lo hacía. Además, todos los grandes pintores han hecho retratos.
-¿Le gustan los pintores mendocinos jóvenes?
-Sí, y hay muchos que van muy bien. Les he visto trabajos fantásticos. Los problemas que tienen son los mismos de siempre: hacer trabajos extra-artísticos para sobrevivir y tener poco tiempo para la creación. Andrés Cáceres - Especial para Estilo