La política del Gobierno Nacional respecto de la inflación comprende diferentes lecturas por parte de los economistas de Mendoza. En términos generales, estiman un índice inflacionario que oscila entre el 22% y el 27%.
Los alimentos y bebidas presentarán los mayores incrementos y la poca respuesta política para contener los aumentos es el foco de preocupación. Esta tendencia se verificó en diversas medidas tomadas el año pasado y en las mediciones del Indec.
Con incrementos salariales (un tema que preocupa a los empresarios) menores o similares a la suba de precios estimada, se esperan, en general, bajas en el consumo y una muy limitada capacidad de ahorro.
En Mendoza, la inflación creció el 21,3% entre diciembre de 2010 y diciembre de 2011, según datos de la Dirección de Estadísticas e Investigaciones Económicas (DEIE), que depende del Ministerio de Agroindustria y Tecnología de Mendoza. La mayor participación de este aumento la tuvo la indumentaria, con el 34,3%.
En segundo lugar, se ubicó la educación con un índice de crecimiento del 31,3%. Un punto más abajo, estuvieron los alimentos y bebidas con el 24,3% pero que, no obstante, se ubicaron a la cabeza del índice la mayoría de los meses al realizar la ponderación por rubro. Es decir, el nivel de incidencia del mismo en el gasto general de una familia.
Las causas de estos y de los futuros aumentos de precios son numerosas. Se destacan: la quita de subsidios, la alta emisión monetaria, los aumentos salariales y los acuerdos empresarios.
Desaceleración y precios altos
Daniel Garro, MBA (Master en Administración de Empresas) de la consultora Valor, indicó que "este año habrá menor oferta de bienes, servicios públicos más caros y mayor emisión monetaria, en un contexto de salarios algo más bajos".
Según el especialista, todo esto potenciará la tasa de inflación. En este contexto, cree que en 2012 el índice anual será de entre el 25% y el 27%.
Por su parte, el economista e investigador de la UNCuyo, Alejandro Trapé, cree que las condiciones se mantendrán similares a la de los dos años anteriores, ya que no hay ningún indicio de que se desacelere la inflación o de que el Gobierno apunte hacia esa dirección.
Por el contrario, Trapé señaló que la indexación de la economía continúa. “Mientras el Gobierno siga expandiendo su gasto a la tasa que lo hace y financiando con emisión de más dinero, el crecimiento de precios no bajará”, estimó.
Además, los ajustes tarifarios que se están haciendo con la quita de subsidios impactará sobre la inflación, cualquiera sea la distribución entre la población.
En síntesis, el profesional explicó que la desaceleración económica que se espera en 2012 no será tan fuerte como para frenar a la inflación (en 2009 la economía cayó 4% y la inflación bajó un poco pero no pudo perforar el piso del 12%). “Esto significa que tendremos menos crecimiento con la misma o más inflación”, precisó Trapé.
El economista estimó un piso inflacionario de entre el 22% y el 24% mientras que otro experto, Sergio Papi, pronosticó un 25%. En tanto, Rodrigo González, miembro de la Fundación Ideal, reconoció que las condiciones económicas perfilan hacia una inflación del 22%.
“La fortaleza de la economía ya no es la misma. El modelo económico se ha desvirtuado fuertemente. Las cuentas públicas se han debilitado y se sostienen sin déficit a costa del Banco Central y de la Anses, dos fuentes distorsivas de financiamiento”, explicó González y -continuó-: “La primera, porque genera inflación; la otra, porque debilita la sustentabilidad del sistema previsional”.
Los sectores más afectados
La base del aumento estaría ligada a un fuerte empuje de los alimentos y de los servicios públicos; según la visión de Papi. En este sentido, Garro coincidió y recomendó, además, seguir de cerca la medicina y todos aquellos insumos que no se dejen importar.
Con respecto a este punto, Trapé mencionó que los productos que compiten con importados (textiles, juguetes, electrónicos, tecnología), tendrán menos competencia con el cierre de las importaciones y podrán aumentar sus precios con mayor facilidad.
Sin embargo, el investigador aseguró que el mayor incremento lo sufrirán aquellos servicios cuyas tarifas están teniendo ajustes. “Sus precios han estado dormidos durante años”, indicó. Así, en referencia a los alimentos, prefirió ser más cauto que sus colegas.
“Lo que suceda con la industria alimenticia depende de las decisiones discrecionales de la Secretaría de Comercio, por lo cual es difícil anticipar un comportamiento”, razonó.
Para el experto de Ideal, alimentos, salud, educación e indumentarias, serán los rubros que mayor incrementos registrarán este año. González también hizo referencia a los productos importados. “Aquellos que sigan entrando al país, especialmente los bienes durables, incrementarán sus precios pero a menor ritmo que la inflación”, aseguró.
Impacto en el comercio
Todos los economistas consultados esperan una discreta caída del consumo. Se esperan aumentos salariales menores al 25% que, con el tiempo, marcarían una diferencia entre la suba de las tarifas y el salario real. Para Alejandro Trapé, el ahorro no será una buena opción entre los individuos comunes.
Reforzó este concepto Rodrigo González, al indicar que, como consecuencia de la inflación, una proporción elevada de familias podría reducir su poder de compra, especialmente aquellos estratos sociales más vulnerables en los que predominan los trabajadores informales que se encuentran al margen de la normativa laboral y la negociación colectiva.
Por su parte, el economista Daniel Garro explicó que si las paritarias determinaran subas de salarios superiores al 25%, el consumo no caerá pero la inflación será aún mayor, ya que implicará una carrera entre precios y salarios, con alta emisión monetaria del Gobierno para sostenerla.
Además del crecimiento que tuvo el mercado paralelo, volvieron los créditos personales y las compras en cuotas. Subieron las reservas.