Estilo

El día en que Mendoza se puso a rodar

En 1892 la ciudad conoció una nueva atracción: el patinaje sobre ruedas.

domingo, 19 de febrero de 2012

Una multitud se agolpó en la calle San Martín, en un flamante salón llamado ‘Eliseo’ que supo ubicarse en el sitio de la Exposición.
 
Era la noche del  17 de julio de 1892 y el  frío no impidió que los curiosos se arrimaran a ese flamante salón para ver por primera vez un nuevo entretenimiento llamado: ‘skating-rink’; o, lo que es lo mismo, patines sobre ruedas.
Pioneros sobre ruedas

Se cree que el inventor de este aparatito sobre que el disfrutan rodar los humanos se llamó Hoans Brinker, y era de origen holandés. 

En 1770 otro entusiasta del patín, Jean-Joseph Merlin, creó unos patines incorporando cuatro ruedas dispuestas en una sola línea. Luego, Lodewijik Maximilian Van Lede, introdujo en Francia el patín en línea.

Esta particular tecnología consistía en una placa de metal con ruedas de madera. Los extraños aparatitos del pasado se fueron popularizando a través del tiempo.

A lo largo del siglo XIX aparecieron nuevos modelos de patines, pero no fue hasta 1863 que, en Estados Unidos, James Plimpton le otorgó al concepto otra dimensión, al inventar un nuevo prototipo de dos ruedas en cada lado: las ruedas podían pivotar independientemente de la montura, algo que los hacía mucho más maniobrables.

Más tarde se incorporaron los rodamientos en las ruedas, que disminuían la fricción y el bloque de goma usado para frenar; tal y como lo conocemos hoy.

A fines del siglo XIX este entretenimiento se extendió a tal punto que, tanto en América anglosajona como en toda Europa, se construyeron miles de pistas de patinaje y se fabricaron millones de patines.

El skating-rink en Mendoza

La popularidad del patín en el mundo occidental provocó que nuestro país lo adoptara de inmediato. Esto ocurrió hacia 1890; año en que la Argentina se sumió en una gran crisis económica. Tal vez las pistas de patinaje borrarían para muchos la desdichada suerte que corrieron sus ahorros, o la desvalorización del dinero de todos los argentinos.

En junio de 1892 se estaba construyendo en la calle San Martín, más precisamente en el lugar de la Exposición (donde hoy funciona el Correo Central) una especie de pista cubierta para la práctica y el aprendizaje de patín.

A principios de julio de ese año Los Andes publicó la noticia de esta práctica inédita en nuestra provincia: el skating-rink o patinaje sobre ruedas.

Los más pudientes conocían esta diversión en los viajes que realizaron a Europa o Estados Unidos y habían experimentado la nueva sensación de trasladarse de un lado a otro, teniendo ruedas en sus pies y moviéndose sólo con el impulso de las piernas.

El día más esperado

Y llegó el domingo 17 de julio, el día que por primera vez se abría una pista de patinaje. Así, una nueva diversión se agregaba a la progresista pero pequeña ciudad de Mendoza.

La cita era a las 19.30. Allí las familias de la alta sociedad concurrieron al novedoso skating-rank ‘Eliseo’. Su  administrador, Ricardo Ellis, estaba bastante ocupado dando las indicaciones a sus empleados.

La entrada costaba un peso: bastante costosa para la época si la comparamos con un kilo de carne que salía $ 0,25. Además si uno se animaba a patinar tenía un adicional de $ 0,60, las tres horas.

En aquella reunión se podían ver las caras más distinguidas de nuestra provincia: ex gobernadores, bodegueros famosos, políticos, hacendados y personalidades que llevaban varios apellidos nobiliarios. También, por supuesto, los más humildes; que miraban de afuera aquel impactante evento.

La fiesta comenzó y para muchos fue sorprendente poder desplazarse súbitamente por la pista. Algunos instructores que habían llegado de Gran Bretaña enseñaban a las señoritas que estaban ávidas de aprender a cualquier precio. Sí, porque el costo de la instrucción para aprender a patinar costaba $ 0,60, los quince minutos.

A pesar de esto se podía ver a grandes y niños patinando por aquella amplia sala. Y, claro: no faltaban las caídas de los inexpertos patinadores.

Esta atmósfera de risa y alegría era acompañada por una banda sonora de valses, y otras melodías, que ejecutaba una orquesta en vivo. El espectáculo finalizó a las 23. Muchos quedaron impactados por este nuevo entretenimiento.

Antes de cerrar, el dueño del local comunicó a los presentes que, a partir del 18 de julio, el lugar estaría abierto desde la mañana, y también por la tarde.

Su fugaz paso por la ciudad

Al día siguiente de la inauguración muchas señoras y señoritas llegaron al salón para que los instructores les enseñaran las técnicas básicas del patinaje. Ricardo Ellis nunca imaginó el éxito de este nuevo espacio que había creado sería tan grande. Los horarios se extendieron y el rink llegó a su máxima capacidad.

Pero, dos meses después, Ellis decidió levantar la sala de patinaje porque la Municipalidad de la ciudad le cobraba un impuesto mayor a lo que se había acordado. Este ajuste impositivo provocó que los mendocinos se quedaran sin la única pista de patín con la que disponían para desarrollar este divertimento.
 
Lo cierto es que, con sus luces y sus sombras, el 17 de julio de 1892 marcó la llegada del patinaje sobre ruedas a nuestras tierras.

Carlos Campana - las2campanas@yahoo.com.ar

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