Fue uno de los primeros escritores argentinos que logró combinar la vocación literaria y la prensa masiva.
domingo, 19 de febrero de 2012
Conrado Nalé Roxlo es más conocido por su poema “El grillo” que por el resto de su obra. En general, su nombre es una referencia obligada en los programas de Lengua y Literatura de los primeros años de la escuela secundaria, y al cabo del tiempo a todo el mundo le suena de oído.
Pero en términos de reconocimiento, la suya es la suerte del que ocupa el banquillo de suplente en un campeonato.
Sin embargo, este poeta, narrador, dramaturgo y periodista que nació en Buenos Aires en 1898 y murió en la misma ciudad a los 73 años, cultivó todos los géneros con un amplio registro y bastante éxito, y fue uno de los referentes de la célebre promoción de los martinfierristas.
Fue amigo íntimo de Roberto Arlt y también contertulio en la Confitería Richmond de la calle Florida, y escribió poesías reflexivas llenas de ternura, melancolía y humor, además de dramas que tuvieron mucho auge en los que recreó poéticamente argumentos de origen legendario.
Este escritor multifacético se cuenta también entre los primeros que lograron combinar vocación literaria y prensa masiva. Al igual que Roberto Arlt, Roxlo trabajó para medios de gran alcance y no por eso abandonó su gusto esteticista y su perfil de vanguardia, escribiendo artículos periodísticos tan atractivos como interesantes. Pero a diferencia de lo sucedido con la obra del primero, su trabajo como cronista no ha sido debidamente considerado.
Comenzó en las páginas de Crítica con su sección “A la manera de...”, ocultando su identidad tras la locución ‘Algo por Alguien’ (luego se haría famoso con el seudónimo ‘Chamico’).
Había sido miembro activo del transgresor periódico Martín Fierro, cuya marca personal era el humor desenfadado y cierto desdén hacia las figuras solemnes del mundillo intelectual.
Por otro lado, su vertiente poética no era, como la de muchos de sus contemporáneos, el remanido ultraísmo, sino que se nutría de una original sencillez ligada a fuerzas y ritmos de la naturaleza, regidas por la métrica tradicional.
Roxlo se inició en Crítica en 1932 sin una sección fija, publicando textos de tipo humorístico que fueron tomando forma de pastiche o amalgama de los más variados discursos, y su tono se fue volviendo más audaz hasta alcanzar su punto álgido en la revista Rico Tipo.
Allí desplegó su singular escritura mezclando estilos y géneros, parodiando a autores queridos y consagrados mediante recursos satíricos e hiperbólicos certeros, capaces de captar a lectores de un medio que no atraía precisamente a un público especializado.
Esta capacidad para ligar lo culto a lo popular, la experimentación a lo más prosaico y la transgresión al discurso establecido, también se observa en la faceta del Nalé Roxlo dramaturgo, que arranca en 1941 con el estreno de la comedia La cola de la sirena.
A esta le sigue la farsa Una viuda difícil y el drama El pacto de Cristina, obras que constituyen el punto de partida de un teatro poético con personajes arquetípicos, cuyas alocuciones intercalan versos de alto voltaje simbólico con una prosa sencilla que tiene llegada a un enorme público.
Sin embargo, su teatro quedó enmarcado en lo que de manera despectiva se consideró como comercial, en contraste con la propuesta independiente de la época ligada al Teatro del Pueblo.
En este contexto, Roxlo eligió abrirse a la gente en lugar de limitar su trabajo a la reducida élite de los iniciados. Y siendo un poeta exquisito compuso obras chispeantes, sencillas y profundas, protagonizadas por modestos seres humanos.
Roxlo escribió para todos, como poeta, como autor de teatro y como colaborador periodístico, haciendo reír y reflexionar en dosis proporcionales.
Además, fue un importante guionista de la época de oro del cine argentino. No obstante lo cual, como él mismo escribiera en su Epitafio para un Poeta casi a modo de vaticinio, en la actualidad: Yace como ha vivido / en soledad decorosa. / Su gloria cabe en la rosa / que ninguno le ha traído.