El paso del tren. Los ciclistas cruzan el puente de la ciudad ferroviaria de Palmira.(Andrés Larrovere / Los Andes)
miércoles, 22 de febrero de 2012Los escenarios van cambiando: desde las etapas montañosas de los departamentos más australes a la presunción del desierto lavallino. La 36° Vuelta de Mendoza se despliega por el color de las mallas de los competidores.
Al costado del camino el público responde al espectáculo que brinda el paso de los ciclistas. La carrera va ganando nuevas dimensiones. Los equipos van develando paulatinamente su juego de cartas mientras se acerca uno de los grandes filtros para quienes se perfilan como candidatos.
Mañana, por la tarde, desde el corazón de la capital provincial se pondrá en marcha la contrarreloj individual y muchos de ellos rubricarán la nómina de aspirantes a la victoria definitiva del domingo. Mientras tanto, en las etapas planas los hombres que protagonizan las fugas van demostrando el lento pendular de la general.
Los técnicos realizan sus apuestas trazando de acortar la ventaja
que poseen los líderes. Los escuderos buscan retener las bonificaciones, los ciclistas cuidan sus piernas intentando sorprender en el momento más oportuno. Ésta es la realidad del pelotón mayoritario.
La magia de la radio
La gente sale a la calle para disfrutar de una de las competencias ciclísticas más tradicionales del país: algunos acompañados por banderas, otros pegados a la radio.
Es muy particular el trabajo que realizan los móviles de las emisoras a lo largo de la Vuelta (como el de LV10 con Jorge Márquez y Walter Pelusso), porque en la voz de sus relatores acontece el minuto a minuto en la ruta; el mismo que se construye con una mirada directa y una pincelada de color.
Allá, en la camino, donde no hay tiempo para dudas, en los pequeños estudios ambulantes, cronómetros, planillas y libretas son el primer libreto para los relatores.