La ebullición hormonal y los sueños: su relación con los cambios en nuestros hijos cuando se convierten en adolescentes.
miércoles, 22 de febrero de 2012
- “¡Juan, no sabés lo que soñé anoche, estaba jugando al fútbol y pateé la pelota pero mi pie era inmenso!”-.
- “¡Chicas, esta noche pijama party de mejores amigas, vamos todas así chusmeamos!”-. Éstos son algunos de los comentarios más comunes de grupos de púberes-adolescentes que están en un momento de despertares muy especial en sus vidas.
- “La verdad que mis hijos me tienen preocupada. Malena ha bajado bastante su rendimiento en el colegio y Nicolás me miente, me esconde cosas”-. En contra partida tenemos el diálogo de sus padres que, en muchos casos, están con grandes incógnitas porque no saben cómo ayudar a sus niños a los que notoriamente algo -¿bueno o malo?- les pasa.
Aquí veremos qué sucede en el mundo interno -y onírico- y externo de estos chicos y chicas de entre 10 y 15 años, cuando empiezan a transitar por cambios hormonales, fisiológicos y sociales. ¿Cómo son exteriorizados estos cambios?, ¿qué hace que cambien sus conductas?, ¿cómo los padres deben actuar en este momento? Plantearemos respuestas, y algunos consejos útiles.
En la pubertad comienza a funcionar toda la ‘cosa’ hormonal y la producción onírica. “Cuando empieza esta etapa todavía se está muy conflictuado con todo el tema del cuerpo, con las sensaciones corporales que no son solamente de los genitales, sino que todo está erotizado y están asustados, tienen temor y no saben qué les pasa. La masturbación todavía no se implanta ni conoce, entonces necesitan mucho de los sueños para transformar todo esto en una especie de salida”, nos comenta la licenciada en psicología y psicoanalista, Mirta Kusnier de Fornés.
En la interpretación de los sueños, desde lo fisiológico, se distingue la etapa ‘rem’ (se caracteriza por el movimiento rápido de los ojos) y la ‘no rem’ (los ojos se mueven lentamente). “Se sabe que los sueños se dan en una etapa de sueño profundo, en la rem, y que además es donde se facilita la descarga de hormonas y de descanso”, comenta el doctor en sexualidad y parejas, Miguel Palmieri.
Significado de los sueños
Para Palmieri los sueños tienen que ver con algo que él llamaría ‘trípode’: las sensaciones corporales (uno se acuesta luego de comer mucho, de haber tomado alcohol), lo que pasó durante el día (día tenso, con ansiedad, bronca); más la represión de conflictos, de deseos. “La mezcla de estos tres aspectos se da de acuerdo a cada persona”, continúa.
Muchas veces tanto los chicos como las chicas se despiertan preocupados porque han soñado cosas feas, “con que entran ladrones, con monstruos, todas cosas agresivas, porque la sexualidad se vive agresivamente; hoy en día esto está muy fusionado”, dice Kusnier de Fornés.
En nenes es muy usual que se den sueños en los que se ven a ellos mismos con un pie muy grande, con cuchillos, con elementos de forma fálica. Con las nenas hay que darle una vuelta más a la rosca: sus sueños son desfigurados, no son tan explícitos.
El problema grande para ambos sexos, durante la adolescencia, es la bisexualidad que involucra el proceso en el que surgen planteos y preguntas.
“Para el varón, sentir la atracción o tener fantasías con el cuerpo de otro es una situación aterrorizante y él mismo se dice ‘soy gay’; entonces comienza con sueños terroríficos, de castración: que es perseguido, que tiene peleas en las que se defiende”, dice la especialista. Con las mujeres el tema de la bisexualidad es socialmente más aceptado: vemos las amigas íntimas que se abrazan, se besan; la descarga la realizan culturalmente, a través del juego.
Los sueños eróticos son la proyección de algo que uno mismo considera bueno y, al conjugarse con el Eros, genera placer. “Sucede que cuando uno combina estos componentes, se empieza a buscar más allá del sueño; uno comienza a perturbarse por lo que interpreta que es, y no por lo que realmente es. La gente se enferma por la interpretación que le da a las cosas; entonces, en lugar de resolver el sueño, se termina formando una patología”, apunta Miguel Palmieri.
Que los nenes tienen más sueños eróticos que las chicas, es algo muy común de escuchar.
Palmieri explica que esto no es así, y que ese dicho surge por dos motivos: el primero es que el hombre, por lo general, tiene un registro físico de su actividad sexual durante el sueño a través de la eyaculación en cambio, en la mujer, el registro que puede tener es que, justo en el momento de mayor impacto, se despierte y tenga un orgasmo (pero no tiene registro físico del momento). Y el segundo motivo es el componente permisivo: “un hombre dice ‘soñé con tal cosa’, lo conversa con amigos, tiene facilidad para contarlo. La mujer dice ‘soñé algo raro’, lo vive como una cuestión anormal”, apunta el médico.
Al respecto suma su opinión la licenciada de Fornés en cuanto a que “los grupos son buenos y necesarios. A esto no se le brinda la importancia correspondiente y es, en realidad, una contención muy grande; ya que cada miembro representa un aspecto diferente: en él los chicos se sacan un peso grande de sus espaldas”.
Descubrimiento del niño-adulto: el terreno de nadie.
En nuestro rol de padres muchas veces nos hemos preguntado cómo ayudar, o qué hacer, con nuestros chicos que están llenos de preguntas.
Lo que debemos hacer es acompañarlos, entender que el niño/niña es otra persona independiente de su padre/madre, que él puede decidir si quiere -o no- de esa compañía. “Acompañar al púber cuasi-adulto, que tiene cosas de niño y adulto, es preguntarle como persona grande; entendiendo que va a tener una apertura hacia el padre, pero que al día siguiente se cierra totalmente”, nos aclara Miguel Palmieri.
“Es muy usual que en quinto grado bajen el rendimiento escolar porque están con todo esto en la cabeza: no se acuerdan de cosas, están metidos con elaborar los duelos y se olvidan de todo. Ellos, para cubrir los olvidos, mienten; están en una nube, metidos hacia adentro”, agrega la psicóloga y psicoanalista Mirta Kusnier de Fornés.
La adolescencia es una etapa de cambios en muchos aspectos: en lo comunicacional, en los límites del yo, cambia el ‘hasta dónde’ se acercan los padres. Los mismos chicos notan un ambiente diferente, una presión de sus pares, y de los medios de comunicación. Hay mucho esfuerzo, ya que se quiere ser igual a la ‘normalidad’, no se quiere ser distinto. Esto genera ansiedad, angustias, esfuerzo por ser quien no se es.
Y, como consejo: “respetemos el momento de soledad de nuestro niño, ya que su habitación es el continente donde queda la erotización, toda la milonga de la masturbación. Abrir la puerta de su mundo es meterse un poco adentro de su sábana cuando se va a dormir”, dice Mirta Kusnier de Fornés. Romina Scatolón - rscatolon@losandes.com.ar