Soy de las miles de personas que creen que la democracia y que la política -y en especial la política económica- es el mejor modo de tratar de mejorar la vida de las sociedades. En ese combo de política y democracia, también creo que los medios de comunicación (más allá de las críticas y cambios de paradigmas) siguen siendo uno de los modos -no el único pero sí el más masivo- de transparentar la democracia con el solo hecho de dar a conocer los actos de gobierno, públicos por definición propia. En este sentido, son útiles para concientizar sobre diversos temas.
Sin embargo, muchas veces me pregunto qué pueden hacer los medios, la economía o la política ante un hombre -oriundo del Valle de Uco- que debe esperar más de treinta días internado en el hospital Central por una operación de corazón que -al parecer por una cuestión de costos- se dilata sin fechas ciertas.
No se trata de un drama -menos si fuera un caso puntual- pero me pregunto cómo se organiza su familia con sus actividades cotidianas (tener a alguien internado a 20 cuadras de casa ya es un descalabro para la mayoría), cómo se siente el enfermo ante ese abandono institucional, cómo estará su salud en el momento de la operación.
Cuando leo que una nena de 9 años fue violada por su abuelastro, también me pregunto qué poder tuvieron la política, la economía y los medios. Aunque el hombre está preso, no imagino cómo podrán, esa niña y esa familia, reconstruirse para salir a flote con tamaño horror a cuestas.
Por otra parte, aunque es importante el trabajo de concientización, la información y -sobre todo- la educación constante que se mueve en relación a la violencia de género, no puedo dejar de indagar qué lograron los medios, la economía y la política cuando me entero de que una mujer fue asesinada por su marido. Todo es poco al tratar de imaginar el infierno que ella vivió y el que padecerán sus hijos, padres o hermanos, después de un desenlace anunciado y no por ello menos trágico.
Hace poco, un comerciante decidió defenderse por su cuenta y mató a dos personas que entraron a robar a su negocio. No era la primera vez que le pasaba y estaba más que atento. ¿Es que la seguridad no es asunto del Estado? En esa ferretería, parece, no estuvieron presentes la política ni los medios pero los dramas se desgranan hacia las "dos partes"; si es que eso existe en una comunidad.
Tampoco sé qué diablo se conjuró en la casa donde murieron cuatro personas a manos de un niño pero no creo haber visto por allí a la economía ni a la política ni a los medios.
Se trata de historias individuales, "mínimas" (al decir del director de cine Carlos Sorín) y cada uno podrá pensar en otras donde las instituciones no llegan antes. Sé que no es fácil pero es probable que tampoco imposible. Tal vez la educación en todos los niveles, el compromiso en lugar de "no meterse" o el prestar atención a los seres humanos que nos rodean podrían lograr que la política, los medios o la economía lleguen a antes que la Justicia o la Muerte. Me olvidaba, espero que hayan pasado un feliz carnaval.