Los violentos ingresaron al estadio Bautista Gargantini sin forzar el portón.
miércoles, 22 de febrero de 2012
Así no se puede trabajar. Así no. Ni los jugadores, ni el cuerpo técnico, ni tampoco los periodistas. Independiente Rivadavia nunca tiene paz, es una bomba de tiempo a punto de explotar.
Ayer, además, se pudo comprobar que es tierra de nadie, un lugar totalmente inseguro donde los delincuentes se pasean con total impunidad y no tienen reparos a la hora de ingresar, hostigar, agredir y amenazar a los trabajadores de prensa de este medio que fueron a hacer su tarea. Una vergüenza más grande que la rica historia de un club que no merece tal presente.
El ensayo en el Gargantini ya había comenzado. Gustavo Zapata había dispuesto una práctica formal con cuatro modificaciones (ver aparte) respecto del equipo que perdió frente a River. No pasaron más de veinte minutos cuando un grupo de unos 30 “hinchas” ingresó sin ningún tipo de problemas por el portón de acceso a la popular Sur y comenzó a insultar a los jugadores y al cuerpo técnico de Independiente. El hostigamiento fue tal que, inmediatamente, Gustavo Zapata hizo sonar su silbato y le puso fin al entrenamiento.
Acto seguido, los barras abandonaron el costado Sur del Gargantini y se trasladaron hacia el portón de acceso a la playa de estacionamiento de La Catedral pidiendo a viva voz y con insultos por la presencia de los futbolistas.
No pasó mucho tiempo hasta que varios de ellos comenzaron a insultar al periodista de Los Andes, Diego Bautista, a quien amenazaron y, además de proferirle toda clase de insultos en repetidas ocasiones, también lo amenazaron de muerte.
En eso, Ernesto Corti, el ayudante de campo de Gustavo Zapata, salió del vestuario y muy ofuscado se dirigió a algunos empleados apostados en el lugar. Luego de preguntar por el encargado de la seguridad del plantel, antes de volver a ingresar al vestuario Carucha esbozó: “¡Miren que a mi no me van a tomar por b... Llevo 35 años en el fútbol!”, en clara alusión a que evidentemente si los hinchas ingresaron es porque esa persona habría recibido la orden de que les abrieran.
El primero en acercarse a “dialogar” fue Cristian Fabbiani, quien intentó, pero no pudo calmar a las “fieras”. En eso, el fotógrafo de Los Andes, Diego Parés, se hizo presente en el lugar para tomar testimonio de lo sucedido. Sin embargo, de la manera más miserable y cobarde fue agredido por los delincuentes, quien le arrebataron la cámara de fotos y lo obligaron a borrar varias tomas. ¿La policía que estaba en el lugar? Bien, gracias.
En tanto, vía Twitter, el presidente de Independiente Rivadavia, Daniel Vila, preguntaba qué estaba sucediendo y era informado de los sucesos.
Pero sin lugar a dudas que la nota más triste y repudiable de la jornada la dio Brítez Ojeda, uno de los más insultados por los hinchas. Mientras se aprestaba a enfrentar a los inadaptados, el jugador se dirigió a los periodistas con una frase plagada de incoherencia: “¡Ustedes también deberían venir con nosotros porque son los que después dicen y escriben giladas!”.
Luego de la “apretada” a los futbolistas (una más y van...), la policía desalojó a los individuos y los ánimos se fueron calmando de a poco. La violencia no tiene fin.